(Encetem un micaco agredit…)
La setmana passada uns espanyols van tornar a assaltar la llibreria 3i4 de València, i dic tornar perquè aquesta llibreria, que té sobretot llibres en català, ha estat assaltada en múltiples ocasions, la més recent el passat més de gener. Aquest no és un fet aïllat, ja que pocs dies abans també van atacar la llibreria de la Universitat de València.
I tot això amb una passivitat des de les institucions i des de les forces d’ordre que és gairebé insultant. És força representatiu de com és aquest estat que els mateixos que criden i és queixen quan són víctimes d’actes semblants, no fan res per combatre’ls . I és que fa uns anys que aquests actes violents els munten uns quants troglodites incults al País Valencià. Pensa malament i encertaràs !!
Aquests violents són aquells que ens diuen "imperialistes", aquells que ens diuen "catalufos", aquells que ens diuen "nazionalistes"… però són ells els que ataquen llibreries !!
Durant la campanya "vull un estat propi" van haver veus que ens van preguntar "perquè ho voleu?". Ja teniu la resposta. Vull un estat propi on pugui parlar la meva llengua sense por, on pugui dir les meves opinions polítiques sense haver de justificar-me continuament i on s’hem respecti com a qualsevol altre ciutadà. Per això ha fallat aquest invent anomenat Espanya, perquè no hi ha respecte cap als que la seva llengua mare no és l’espanyol. I sense respecte no és pot construir res de bo.
Me’n vaig al badiu… (esperant un estat propi)
[@more@]
La ignorància és molt perillosa i quema llibres, “abajo la inteligencia”, no era aquest un slògan franquista?
La meva àvia per part de pare, pobreta, no sabia de lletra, en veure que arribaven els “colpistes” a Barcelona va agafar els llibres de l’avi i els va cremar, per por, només es va salvar “cañas y barro” d’en Blasco Ibàñez, que el meu pare conserva com un tresor.
A mi hem sona la següent història :
El día 26 de septiembre de 1936 don Miguel de Unamuno, en nombre de la Universidad de Salamanca, firma una proclama de protesta contra las atrocidades que se atribuyan a aquellos republicanos que pretendían exterminar a sus adversarios antes que ganar la guerra. Y llegó aquel famoso y discutido acto en el histórico paraninfo salmantino.
El 12 de octubre de 1936 se celebraba en dicho paraninfo de la universidad de Salamanca el Día de la Raza, aniversario del descubrimiento de América por Colon. MILLÁN ASTRAY había llegado escoltado por sus legionarios armados con metralletas, afectación que conservaría a lo largo de toda la guerra. Varios oradores soltaron los consabidos tópicos acerca de la “anti-España”. Un indignado Unamuno, que había estado tomando apuntes sin intención de hablar, se puso de pie y pronunció un apasionado discurso. “Se ha hablado aquí de guerra internacional en defensa de la civilización cristiana; yo mismo lo hice otras veces, Pero, no, la nuestra es solo una guerra incivil (…) Vencer no es convencer, y hay que convencer, sobre todo, y no puede convencer el odio que no deja lugar para la compasión (…) Se ha hablado también de catalanes y vascos, llamándolos anti-España; pues bien, con la misma razón pueden ellos decir otro tanto. Y aquí esta el señor obispo, catalán, para enseñaros la doctrina cristiana que no queréis conocer, y yo, que soy vasco, llevo toda mi vida enseñándoos la lengua española, que no sabéis…”
Continua …
En ese punto, Millán Astray empezó a gritar: “¿Puedo hablar? ¿Puedo hablar?” Su escolta presentó armas y alguien del público gritó: “¡Viva la muerte!” Entonces Millán gritó: “¡Cataluña y el País Vasco, el País Vasco y Cataluña, son dos cánceres en el cuerpo de la nación! ¡El fascismo, remedio de España, viene a exterminarlos, cortando en la carne viva y sana como un frío bisturí!” Se excitó sobremanera hasta tal punto que no pudo seguir hablando. Resollando se cuadró mientras se oían gritos de “¡Viva España!”. Se produjo un silencio mortal y unas miradas angustiadas se volvieron hacia Unamuno. “Acabo de oír el grito negrófilo de “¡Viva la muerte!”. Esto me suena lo mismo que “¡Muera la vida!”. Y yo, que he pasado toda la vida creando paradojas que provocaron el enojo de quienes no las comprendieron, he de deciros, con autoridad en la materia, que esta ridícula paradoja que me parece repelente. Puesto que fue proclamada en homenaje al último orador, entiendo que fue dirigida a él, si bien de una forma excesiva y tortuosa, como testimonio de que el mismo es un símbolo de la muerte. ¡Y otra cosa! El general Millán Astray es un inválido. No es preciso decirlo en un tono mas bajo. Es un inválido de guerra. También lo fue Cervantes. Pero los extremos no sirven como norma. Desgraciadamente hay hoy en día demasiados inválidos, Y pronto habrá más si Dios no nos ayuda. Me duele pensar que el general Millán Astray pueda dictar las normas de psicología de las masas. Un inválido que carezca de la grandeza espiritual de Cervantes, que era un hombre, no un superhombre, viril y completo a pesar de sus mutilaciones, un inválido, como dije, que carezca de esa superioridad de espíritu, suele sentirse aliviado viendo como aumenta el numero de mutilados alrededor de él (…) El general Millán Astray quisiera crear una España nueva, creación negativa sin duda, según su propia imagen. Y por ello desearía una España mutilada…”
Furioso, Millán grito: “¡Muera la inteligencia!” A lo que el poeta José Maria Pemán exclamo: “¡No! ¡Viva la inteligencia! ¡Mueran los malos intelectuales!” Unamuno no se amilanó y concluyó: “¡Éste es el templo de la inteligencia! ¡Y yo soy su supremo sacerdote! Vosotros estáis profanando su sagrado recinto. Yo siempre he sido , diga lo que diga el proverbio, un profeta en mi propio país. Venceréis, pero no convenceréis, porque convencer significa persuadir, y para persuadir necesitáis algo que os falta: razón y derecho en la lucha. Me parece inútil pediros que penséis en España”. Millán se controló lo suficiente como para, señalando a la esposa de Franco, ordenarle: “¡Coja el brazo de la señora!”, cosa que Unamuno hizo, evitando así que el incidente acabara en tragedia.